En un paisaje que combina la belleza del horizonte con la imponente figura de los aerogeneradores, trabajan silenciosos los héroes anónimos de la energía eólica: los técnicos en mantenimiento. Con habilidades certificadas y un perfil discreto, estos profesionales enfrentan diariamente riesgos que van más allá de la simple altura.

Juan, un técnico en energía eólica, comienza su jornada antes del amanecer. La brisa matutina trae consigo no solo el aire fresco sino también el peligro inminente de su labor. Cada día, Juan se asegura de que su equipo de protección individual (EPI) esté en perfectas condiciones, siguiendo estrictamente las normativas. Sabe que su vida puede depender de un arnés bien asegurado o de una cuerda retirada de peligros.

El ascenso a lo alto de un aerogenerador no es para los débiles de corazón. A 100 metros de altura, Juan inspecciona y repara los componentes esenciales de la turbina. Sin embargo, la altura no es el único riesgo. Los productos químicos utilizados en el mantenimiento y las condiciones climáticas extremas añaden una capa de peligro invisible pero constante. La Ley de Prevención de Riesgos Laborales establece la necesidad de evaluaciones de riesgos continuas, pero en la práctica, la implementación puede ser insuficiente.

¿Alguien ha leído alguna vez una ficha técnica de un producto nocivo? Seguro que no. Juan, sí. Conoce los riesgos de los productos que manipula, desde resinas y fibras, hasta solventes, muchos de los cuales pueden causar daños irreversibles a corto o largo plazo. Sin embargo, esta información crítica suele ser ignorada o subestimada, y los trabajadores rara vez son completamente informados sobre los peligros asociados. Además, el contacto con vapores y las partículas de fibra y polvo en el ambiente es un riesgo constante. Estas partículas pueden causar problemas respiratorios, alergias y otras enfermedades, atacando al sistema nervioso entre otros, haciendo aún más peligrosa una tarea ya de por sí arriesgada. Por desconocimiento, muchos técnicos no se protegen adecuadamente de estos riesgos respiratorios, confiando solo en su experiencia y no en las medidas de seguridad apropiadas.

La autonomía laboral es otra realidad con la que Juan debe lidiar. Contratado como autónomo, esta estructura laboral permite a las empresas evadir responsabilidades directas sobre su salud y seguridad. Aunque el sueldo puede parecer atractivo, Juan sabe que los costos futuros en salud y tratamientos médicos podrían superar sus ahorros. Las pólizas de seguro que paga solo cubren posibles daños a las palas de las turbinas. Sin embargo, sabe que el seguro de responsabilidad civil no le va a cubrir su futura enfermedad. Las enfermedades profesionales, derivadas de la exposición a sustancias peligrosas y las condiciones de trabajo, serán un costo que Juan tendrá que asumir personalmente. Hoy día, al ser una profesión joven, no se tienen estadísticas exactas de la repercusión en el cuerpo de los técnicos, todo debido a una exposición a productos nocivos sin la protección adecuada.

¿Alguien sabe las horas que trabajan sin descanso? Juan, sí. Su jornada laboral suele extenderse más allá de las ocho horas reglamentarias, muchas veces con viajes interminables sin recompensa y sin ser valorado. Aunque estén en su hamaca descansando, los vapores y el polvo siguen circulando en las horas de descanso, pues esas horas se producen en el mismo lugar donde el ambiente es nocivo. La falta de descansos adecuados y el estrés constante aumentan el riesgo de accidentes y problemas de salud, algo que rara vez se menciona en los informes oficiales de seguridad y siniestralidad. Ambas partes, tanto los técnicos como las empresas, saben que las horas trabajadas no son las que deberían ser. Todo es por dinero; nadie mide la seguridad expuesta a un riesgo de polvo, vapores y horas sin descanso.

Pocos hablan de la presión económica y el estrés que enfrenta Juan. La responsabilidad de mantener operativa una tecnología verde recae en sus hombros, mientras las grandes corporaciones se benefician de la energía limpia y los bajos índices de siniestralidad aparentes. La sociedad celebra la sostenibilidad sin conocer el sacrificio personal de técnicos como Juan, quienes arriesgan su bienestar día tras día.

El problema principal radica en la falta de conciencia tanto de las empresas como de los empleados. Las responsabilidades parecen inocuas ante un riesgo ficticio para muchos, una percepción que minimiza los verdaderos peligros a los que se enfrentan estos trabajadores. La conciencia de estos riesgos debe ser más latente en las formaciones y por parte de las empresas. Un despido por no cuidar su salud no debería verse como tal, sino como una medida de protección.

Además, está el problema del consumo de drogas y alcohol después del trabajo. Muchos técnicos recurren a estas sustancias para aliviar el estrés y el cansancio, sin considerar cómo pueden afectar su desempeño al día siguiente. La falta de recuperación adecuada y los efectos residuales de estas sustancias aumentan el riesgo de accidentes, poniendo en peligro su vida y la de sus compañeros.

A pesar de todo, Juan siente orgullo por su trabajo. La energía que ayuda a generar es crucial para un futuro más limpio. Sin embargo, no puede evitar reflexionar sobre las condiciones laborales que deberían mejorar. Una mayor conciencia y regulación podrían garantizar que su trabajo no solo sea seguro, sino también justo. La vida de Juan, como la de muchos otros técnicos, se basa en un salario que, a corto plazo, tiene consecuencias nocivas para su salud y bienestar a medio o largo plazo.

Los planes de seguridad y rescate no se contemplan de forma definida y, en muchos casos, son demasiado genéricos. Aspectos críticos como la conducción, los peligros del entorno, las bajas y altas temperaturas, la hidratación, las horas expuestas al riesgo químico y respiratorio, las ráfagas de viento, los puntos de anclaje adecuados, los roces de cuerdas y los rescates eficientes con materiales necesarios son frecuentemente ausentes en estos entornos. La falta de consideración por estos factores pone en riesgo a los técnicos y compromete la eficacia de las operaciones.

Juan no trata de hacer daño a nadie con estas palabras, solo busca concienciar y la reflexión de todos los implicados en este sector que ayuda a muchas familias a salir adelante y sentirse útiles en un mercado cada vez más competitivo sin miras hacia las personas.

Si te sientes identificado de alguna manera, déjanos tu comentario con un texto constructivo para reflejar tu realidad al igual que la de Juan.

Cuídate por encima de todo.

La historia de Juan no es única, y cada técnico en energía eólica lleva consigo una historia similar de riesgo, sacrificio y esperanza en un mundo que busca ser más sostenible.

Esta historia no solo busca visibilizar los riesgos y desafíos de los técnicos en energía eólica, sino destacar la importancia de sensibilizar con una protección laboral adecuada por encima de todo, considerando tanto los peligros visibles como los invisibles de esta vital industria.

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